En los últimos años, muchas compañías han focalizado su accionar no sólo en la rentabilidad, sino también en el impacto y en la contribución que pueden darle al medio ambiente. De esta manera, aquella función de rentabilidad económica se incorpora a la del cuidado del hábitat, asumiendo compromisos de mediano y de largo plazo. Es lo que en economía se conoce como “Empresas B”. Su propósito es alcanzar no sólo el beneficio de los accionistas, sino también de la comunidad que cree en esas organizaciones. Cuando se alcanza la meta se logra el éxito empresarial.
Por sus estatutos, toman decisiones corporativas legalmente vinculantes considerando no sólo los intereses financieros de sus accionistas sino también ponen el foco en sus empleados, los proveedores y clientes, la comunidad a la que pertenecen y el medio ambiente.
El Movimiento B celebra 20 años consolidando un modelo empresarial que trabaja para beneficiar a todas las personas y al planeta. Lo que comenzó en 2006 con 81 empresas pioneras hoy es una fuerza global: más de 10.800 empresas en 104 países que emplean a más de un millón de personas. Según se informó, en Argentina hay 294 Empresas B, que pertenecen a 30 sectores e industrias, son originarias de 16 territorios del país, generan más de 45.800 puestos de trabajo formales y, entre todas, facturan más de U$S 5.700 millones anuales.
En Argentina 2025 fue el territorio de la región en el que más empresas aplicaron a la certificación y este año se incorporaron a la comunidad 23 nuevas compañías de estas características. En estos 20 años, las Empresas B han demostrado que el sector privado puede abordar los desafíos más urgentes de la sociedad sin renunciar a un crecimiento sostenible a largo plazo.
Según el estudio “La naturaleza del negocio” de B Lab, una organización sin fines de lucro, si todas las empresas gestionaran su impacto ambiental como lo hacen actualmente las Empresas B, el aumento de la temperatura mundial se podría reducir en 0,5 °C para 2100.
También han demostrado una mayor resiliencia en contextos de incertidumbre: el 95% de las Empresas B superó la crisis de la COVID-19, frente al 88% de las compañías tradicionales.
Los estándares internacionales de comercialización son cada vez más rigurosos. Por esa razón, el Movimiento B no tiene techo y marca una tendencia respecto de la conducta y el aporte positivo que toda organización debe cultivar para cosechar reputación. Esa nueva forma de mirar el mundo de los negocios no admite diferencias. Tanto las pequeñas como grandes organizaciones pueden sumarse a esta iniciativa que se constituye en un sistema económico inclusivo, equitativo y regenerativo para todas las personas y el planeta.
De esta manera, plantea el Sistema B Argentina, las empresas pueden llegar a constituirse como principales agentes de cambio, utilizando la fuerza del mercado para contribuir al bien común, tanto en materia económica, social, cultural y ambiental, con una visión de generar valor en la sociedad.